Ansiedad generalizada

Trastorno de Ansiedad Generalizada

EL PROBLEMA DE LAS PREOCUPACIONES

La característica principal de este trastorno es la preocupación constante y ansiedad excesiva, con una duración mayor a los seis meses, y la dificultad para controlar las preocupaciones es muy intensa. La ansiedad y la preocupación, de acuerdo a los criterios de clasificación diagnóstica del DSM-IV-TR, se asocia a otros síntomas, como son la fatiga, problemas de sueño, irritabilidad, tensión muscular y dificultades para concentrarse.
A las personas afectadas por este trastorno les resulta muy difícil dejar de prestar atención a las preocupaciones y centrarse en las actividades que realizan momento a momento. Las preocupaciones giran en torno a temas de la vida cotidiana, como dificultades en el trabajo, dinero, relaciones interpersonales, salud, etc.

Prevalencia y curso en la población de este trastorno

En la población general, la prevalencia anual se situa en el 3%, mientras que la prevalencia global llega al 5% (DSM-IV-TR). En las consultas clínicas los pacientes atendidos llegan al 25% del total. Las personas con ansiedad generalizada se quejan de haber sido ansiosas durante toda su vida; el curso del trastorno, aunque fluctua a lo largo del tiempo, tiende a la cronicidad, empeorando en períodos estresantes.

Síntomas característicos del Trastorno de Ansiedad Generalizada (TAG)

Preocupación y ansiedad excesiva, que pueden ir acompañadas por algunos de los siguientes síntomas:

  • Inquietud o impaciencia
  • Fatigabilidad
  • Dificultad para la concentración (por ejemplo, mantener la atención en una conversación puede experimentarse con angustia debido a las dificultades para mantener la atención)
  • Irritabilidad
  • Tensión muscular (espasmos, sobresaltos, tensión)
  • Alteraciones del sueño; es frecuente experiementar sobresaltos durante el sueño, o experimentar dificultades para la conciliación o mantenimiento del sueño, siendo una queja habitual la falta de sueño reparador.

No es extraño que además se presente sintomatología depresiva asociada a las preocupaciones, y otros, tales como dolores de cabeza o colon irritable. Las preocupaciones interfieren en el funcionamiento cotidiano (trabajo, relaciones interpersonales, etc) y provocan malestar significativo.

El síntoma clave: las preocupaciones

Normalmente tendemos a considerar las señales de ansiedad como una advertencia de amenaza o peligro, y estas señales nos ayudan a enfrentarnos a la amenaza de forma rápida, bien para luchar o para huir. Este sistema de respuesta nos ha servido para sobrevivir como especie,  ha tenido una gran importancia en nuestra evolución, y se activa de forma automática ante la percepción de cualquier peligro; es muy útil ante amenazas físicas (una agresión, un alud de nieve, un toro, un bocinazo de un vehículo,…).  Cuando nos sentimos ansiosos tenemos pensamientos catastróficos, notamos gran activación y tensión, sentimos intranquilidad, y nos preparamos para escapar, para evitar el peligro o para quedarnos paralizados. Aunque tiene muchas ventajas, debido a la propia evolución de nuestras capacidades, especialmente el pensamiento y lenguaje, hemos desarrollado la capacidad para experimentar respuestas ansiosas incluso cuando la amenaza no está presente. Pensar en un acontecimiento futuro o pasado puede propiciar la aparición de la respuesta de lucha, huída o paralización. Por ejemplo, podemos preocuparnos por la negativa de nuestro jefe a concedernos un día libre, y experimentar una subida de ansiedad aunque esto no haya sucedido aún. La percepción de un suceso no acontecido aún como amenazante puede llevarnos a experimentar una fuerte respuesta, cuando en realidad no existe ningún peligro en ese momento. Como podemos ver, una desventaja de las respuestas de huída o de lucha es que a veces respondemos a amenazas que no están presentes.

La preocupación es un componente de la respuesta de ansiedad que puede perpetuar este ciclo de respuestas. A menudo, nuestra respuesta a un pensamiento, como puede ser el miedo a que suceda algo malo, es evitar hacer algo, o podemos tener comportamientos de prevención o precaución cuando no son realmente necesarios. Debido a nuestra capacidad para representar acontecimientos reales como pensamientos o imágenes en nuestra mente, a menudo respondemos a nuestros pensamientos como hechos reales. Por tanto, si tenemos el pensamiento de que algo malo puede pasar si corremos un riesgo (tal como conducir, coger un avión, etc.), y experimentamos ansiedad asociada a este pensamiento, puede parecer perfectamente lógico que no realicemos esa acción.

Pero la preocupación también tiene ventajas o  cualidades positivas, aun produciendo ansiedad y tensión. Por ejemplo, preocuparse por la organización del gasto mensual, de la seguridad de los hijos, de la enfermedad del padre. La preocupación nos proporciona la ilusión de resolver el problema – con frecuencia pensamos en los resultados negativos, en si seremos capaces de evitarlos. Sin embargo, la preocupación incrementa nuestra ansiedad, manteniéndonos tensos por los posibles resultados negativos, y no nos permite aprender que no ocurrirán necesariamente o que seremos capaces de afrontarlos si suceden. La preocupación nos mantiene inactivos, y disminuye nuestra flexibilidad para el afrontamiento. La preocupación se convierte en un hábito, y resulta muy difícil detenerla cuando ya ha empezado. Nuestros esfuerzos para controlar la preocupación o disminuir la ansiedad a menudo aumentan la ansiedad y preocupación.

Las personas que se preocupan excesivamente y experimentan ansiedad intensa, normalmente consideran que esas experiencias interfieren con sus vidas de forma significativa; pueden impedir vivir de forma satisfactoria. Algunas personas informan que la preocupación les hace sentir como si fueran espectadores de sus vidas, más que participantes activos. De hecho, probablemente el mayor problema de la ansiedad y la preocupación es esta interferencia en la vida cotidiana más que la preocupación y la ansiedad en sí mismas.


Tratamiento psicológico del TAG

El tratamiento se centra en los siguientes aspectos:

  • Incremento de la conciencia de las experiencias, de las respuestas a los acontecimientos (pensamientos, sensaciones físicas y emociones); se trata de vivir el momento presente, el aquí y ahora frente a vivir el futuro o recordar acontecimientos pasados.
  • Potenciación del desarrollo de nuevos hábitos que mejoren las posibilidades de elección ante los acontecimientos vitales y las dificultades.
  • Identificación de las direcciones importantes de la vida para uno mismo, y realización de acciones para la construcción de una vida significativa y satisfactoria; se trata de tomar decisiones sobre la manera como se quiere vivir, decidir sobre las reglas que deben guiar nuestra vida en áreas importantes para nosotros (trabajo, relación de pareja, relaciones familiares, etc).

Para el tratamiento se emplearán técnicas y procedimientos tales como ejercicios de conciencia plena o mindfulness, discusión y profundización en la manera de construir una vida significativa, y análisis de estrategias para afrontar las barreras o dificultades internas que lo impiden.

Comparada la Terapia Cognitivo Conductual para el TAG con otros tipos de terapia, parece que aquellas personas que han recibido tratamiento psicológico basado en los principios de la terapia cognitivo conductual tienen mayor probabilidad de disminuir la ansiedad al final del tratamiento y también es muy efectiva en la disminución de los síntomas depresivos y de preocupación. En Hunot V, Churchill R, Teixeira V, Silva de Lima M Terapias psicológicas para el trastorno de ansiedad generalizada (Revisión Cochrane traducida) De La Biblioteca Cochrane Plus, número 3, 2007. Oxford, Update Software Ltd. Todos los derechos están reservados.