Fobia social

Desde los años noventa han incrementado los esfuerzos en la investigación y desarrollo de nuevos tratamiento de trastornos de ansiedad. Es en esta década cuando se ha comenzado a prestar mayor atención a la fobia social pese la frecuencia con que se presenta en la población.

Podemos decir que la característica principal de la fobia social es un miedo intenso ante situaciones sociales, a ser el foco de atención, o actuaciones en público por temor a que resulten embarazosas o humillantes.  Hay autores que han diferenciado las situaciones desencadenantes entre aquellas en las que se precisa realizar acciones concretas, como hablar, comer o beber, y aquellas  en las que predomina la interacción con otras personas: relacionarse con el sexo opuesto o con figuras de autoridad. La fobia social puede afectar al rendimientos académico, social y laboral.

Se han postulado diversas teorías causales sobre la fobia social. Algunas inciden en los factores de vulnerabilidad genética, y otras que sugieren la influencia ambiental. De acuerdo a las primeras,  parece que hay un mayor riesgo de padecer fobia social en los familiares de personas con este trastorno que en otros grupos comparativos. Según las segundas puede existir una influencia ambiental en la relación padres-hijos. Una de ellas se centra en la influencia que ejerce el modelo de los padres en el comportamiento de los hijos. Esta teoría señala que los niños podrían aprender los temores sociales a partir de la observación de las reacciones de temor de sus padres. Otros mecanismos que se han propuesto relacionados con esta segunda hipótesis señala la influencia de determinadas actitudes ambivalentes de los padres  (p.ej., sobreprotección, y al mismo tiempo una relación carente de afecto, exponiendo así al niño a estímulos conflictivos de protección y rechazo los cuales generan ansiedad).

Otras teorías señalan los déficit en habilidades sociales como factor principal, lo que probablemente facilitaría que el niño se enfrente a una mayor cantidad de experiencias que le resultarán humillantes. Por otro lado, puede que el propio comportamiento favorezca la aparición de pensamientos negativos que anticipen el temor a situaciones sociales concretas, junto sentimientos de culpabilidad en las mismas.

De acuerdo a los resultados de la investigación, puede afirmarse que las personas con tendencia a la inhibición social es más probable que sufran fobia social.

 

Prevalencia y curso en la población de este trastorno

Los estudios epidemiológicos señalan una prevalencia global que oscila entre el 3 y 13%. Entre los pacientes ambulatorios un 10-20% presentan algún tipo de fobia social.

En cuanto a la edad de inicio o aparición del problema, parece que más del 90% de pacientes fóbicos sociales comienzan el problema antes de los 25 años y la edad media de aparición es de 15 años.

 

Síntomas característicos de la Fobia Social

Manifestaciones clínicas más frecuentes descritas por algunos investigadores:

Síntomas físicos: Síntomas típicos:
Palpitaciones Ruborizarse
Temblor Temor o necesidad de orinar o defecar
Sudoración Evitación de la mirada
Tensión muscular Sensación de frío o calor
Sensación de vacío en el estómago Sensación de opresión en la cabeza o cefalea

 

Es frecuente que aparezcan otras dificultades emocionales, como puede ser una elevada tendencia a la susceptibilidad a la crítica, sentimientos de rechazo, baja autoestima, y sentimientos de inferioridad, entre otros, lo que produce una tendencia a la evitación de situaciones sociales que se valoran como terribles y el escape de situaciones en que aparecen los síntomas que se han detallado en este mismo epígrafe. Estos escapes y evitaciones pueden ser sutiles, como apoyarse en una mesa si se tiembla para evitar que los otros se den cuenta, o maquillarse en exceso para que no se aprecie el rubor, o situarse al final de la clase para ser menos observado, o sin decir nada a nadie abandonar una reunión social, permanecer callado durante una reunión…

 

Tratamiento de la fobia social

El tratamiento presta mucha importancia al componente educativo sobre la ansiedad. Es un elemento central del tratamiento. Al comienzo de la terapia se explican los conceptos fundamentales sobre el problema y los factores que han influido en su inicio y mantenimiento. Proporcionar información es importante ya que ayuda mucho a los pacientes. Son muchas las personas que no son conscientes de su problema ni de que puedan existir tratamientos psicológicos para el mismo. Es fundamental que el paciente y el psicólogo clínico compartan la misma explicación del problema, y que acuerden los extremos del tratamiento psicológico.

Durante el tratamiento se resalta la importancia de los pensamientos, de las interpretaciones de los acontecimientos. Para ello se presta especial atención a los pensamientos automáticos, los cuales podemos definirlos como aquellos que aparecen en nuestra mente sin nuestro control, son automáticos e involuntarios, no elaborados (p.ej., parezco una mofeta, estoy fuera de lugar, qué horror, no puedo más, quiero morirme, peor imposible, piensan que me pasa algo, que soy deficiente o que tengo problemas graves, etc). Durante una parte del tratamiento se profundiza en la identificación de los pensamientos automáticos negativos anticipatorios de situaciones sociales, para luego enseñar al paciente algunas técnicas de reestructuración cognitiva, con el objetivo de encontrar explicaciones alternativas más funcionales y ajustadas a la realidad, y que producen menos malestar.

Otra parte del trabajo de la reestructuración cognitiva se centra en enseñar al paciente que los valores, las metas, influyen en su problema, ya que puede llevarles hacia el perfeccionismo, a una tendencia de exigencia de perfeccionismo en sus interacciones sociales, considerando que a los demás les ocurre lo mismo. Se les enseña a relativizar los pensamientos, a ajustar las expectativas y flexibilizar el comportamiento mediante la valoración de opciones disponibles y las consecuencias de las mismas, y también se les ayuda a desdramatizar las consecuencias de un error en el comportamiento.

Otro componente del tratamiento es la exposición a situaciones temidas. Se trata de un procedimiento que permite al paciente comprobar que las creencias previas que tiene respecto a determinadas situaciones sociales son erróneas y que sobrestima la peligrosidad de tales situaciones. La exposición a las situaciones temidas sirve para habituarse a ellas y, fundamentalmente, para comprobar el grado de adecuación o ajuste de las creencias. Durante la exposición se presta mucha atención a las conductas de seguridad. Se trata de estrategias que se emplean para evitar las consecuencias catastróficas. Estas contribuyen a que los síntomas aumenten (p.ej. hablar más deprisa para terminar antes, ), no se desconfirma el pensamiento negativo (p.ej. si alguien piensa que le rechazarán por llevar una camisa sucia, y para evitarlo está con una chaqueta abrochada durante toda la interacción no podrá comprobar su temor), la atención permanece centrada en uno mismo (p.ej., repasa mentalmente sus participaciones en una conversación en grupo, e intenta que sean breves y de acuerdo a lo ensayado mentalmente, lo que impide que preste atención a aspectos relevantes de la situación); la persona considera que su conducta de seguridad ha evitado la catástrofe (p.ej., no mostrar las manos temblorosas, o maquillarse excesivamente para que no se aprecie el rubor, lo cual facilita la atribución positiva a estas conductas y no a su participación social).

Durante la exposición se potenciarán estrategias tales como el cambio del foco atencional, ya que las personas con fobia social tienden a prestar mayor atención a los aspectos negativos y amenazantes de las situaciones sociales. Al prestar excesiva atención a los aspectos amenazantes se pierde la oportunidad de atender a otros componentes de la situación que podrían ayudar, como puede ser apreciar las muestras de afecto y de atención de los demás. Es importante que el paciente preste mayor atención a aquello que no perjudica su ejecución social y a aquellos aspectos que le ayudan a interactuar con otros o realizar tareas en contextos sociales.

Por último, la parte final del tratamiento se centra en la prevención de recaídas. Se realiza una revisión de todo el tratamiento, los cambios experimentados, y se planifica la finalización del tratamiento.